Argentina convierte un residuo frutícola en ingrediente alimentario autorizado

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Argentina ha avanzado de manera creativa en el campo de la sostenibilidad en la alimentación al convertir un subproducto de la industria de frutas en un ingrediente comestible recientemente autorizado. Este es el caso del bagazo de manzana, un residuo que previamente se descartaba o se utilizaba de manera secundaria, como para compostaje o alimentación de ganado, y que ahora ha sido aprobado para su inclusión en alimentos destinados al consumo humano.

Este desecho sólido, que es un subproducto del proceso industrial de las manzanas para fabricar jugos y otros productos, está constituido mayormente por cáscara, pulpa y semillas. Después de años de estudio e innovación, las autoridades de salud dieron luz verde para su uso como componente alimenticio, después de verificar que satisface los criterios de seguridad y calidad demandados por el código alimentario nacional.

El desarrollo para transformar el bagazo en un producto adecuado para la alimentación humana fue llevado a cabo por un grupo técnico diverso que contó con la participación de científicos del sector gubernamental, expertos en tecnología alimentaria y compañías agroindustriales de las áreas de Río Negro y Neuquén, las cuales son las principales productoras de manzana en el país.

El reciclaje del bagazo como un novedoso recurso alimenticio marca un avance significativo en la batalla contra el derroche y en el impulso de prácticas de economía circular dentro del sector alimentario. Desde este momento, este derivado puede incorporarse como componente en harinas, barras de energía, productos de panadería y combinaciones de cereales, beneficiándose de su elevado nivel de fibra y antioxidantes naturales.

El nuevo ingrediente no solo contribuye al aprovechamiento de recursos que antes eran descartados, sino que también ofrece ventajas nutricionales. Estudios realizados por especialistas en nutrición indicaron que el bagazo de manzana contiene pectina, fibra dietaria insoluble y polifenoles, lo que lo convierte en un insumo funcional para el diseño de productos alimenticios saludables.

El reconocimiento oficial de este producto como apto para el consumo humano se formalizó mediante una actualización del Código Alimentario Argentino. Esta incorporación fue impulsada por una solicitud de la industria frutícola y avalada por análisis técnicos y ensayos realizados en laboratorios acreditados, que certificaron la inocuidad del producto y su potencial como ingrediente funcional.

Además de la influencia favorable en la sostenibilidad ecológica, esta iniciativa crea nuevas oportunidades de crecimiento económico para los cultivadores de frutas y las industrias de procesamiento. Al aportar valor a lo que antes se veía como desperdicio, se aumenta la rentabilidad de toda la cadena productiva y se amplían las alternativas comerciales para empresas pequeñas y medianas.

En términos productivos, la utilización del bagazo no requerirá inversiones sustanciales en infraestructura, ya que muchas plantas procesadoras ya cuentan con la tecnología necesaria para su secado, molienda y acondicionamiento. El desafío será ahora escalar su uso a nivel comercial, posicionarlo entre los consumidores y desarrollar productos innovadores que lo incorporen en su formulación.

Desde el mundo científico y académico se consideró esta autorización como un caso concreto de cómo la investigación aplicada puede crear soluciones prácticas que brindan beneficios económicos, nutricionales y ambientales. Asimismo, se subrayó la relevancia de que la industria alimentaria progrese en la integración de subproductos con alto valor añadido como parte de una estrategia completa de sostenibilidad.

La autorización del bagazo de manzana como componente alimenticio en Argentina también podría despertar interés en mercados extranjeros, especialmente en naciones que fomentan dietas enfocadas en alimentos funcionales y en estrategias de uso completo de las materias primas. Se proyecta que, si su utilización se afianza, el país podría destacarse como un referente regional en el avance de ingredientes novedosos provenientes de desechos frutales.

Con esta propuesta, Argentina consolida su dedicación hacia la innovación alimentaria y la economía circular, convirtiendo los retos ambientales en oportunidades para el desarrollo industrial, la salud pública y la competitividad del sector exportador agrícola.

Por: Olivia Vanessa González Schelotto

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